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"Poemas a Mariátegui": textos de 1959 en un nuevo aniversario del natalicio del pensador latinoamericano.

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Este 16 de abril América Latina conmemora ochenta años de la muerte de José Carlos Mariátegui. Comenzamos una serie de trabajos en torno al gran pensador peruano con una selección del noveno tomo de las “Ediciones Populares de la Obras Completas de José Carlos Mariátegui” de la Empresa Editora Amauta, colección en veinte tomos dirigida por los hijos del autor. El noveno tomo, editado en 1959 en Lima, se titula “Poemas a Mariátegui” y consigna en la portada “Trabajos líricos inspirados en la vida y obra de José Carlos Mariátegui. Prólogo de Pablo Neruda”.  Junto al poeta chileno, Xavier Abril, Ezequiel Martínez Estrada, Raúl González Muñón, entre los treinta y tres poetas que participan del homenaje, evocan en sus versos la figura del fundador del pensamiento socialista latinoamericano.

 

PRÓLOGO

Ésta es una antología incompleta. Sobre Mariátegui seguirá cantando el mar.

Echarán de menos nuestras praderas, nuestras desoladas planicies. El viento en las alturas superiores lo recuerda. Nuestro pequeño hombre oscuro que crece a tumbos lo necesita porque él nos ayudó a darle nacimiento. Él comenzó por darnos luz y conciencia.

Los poetas seguirán cantando su partida, sus obras, su cristalina contribución. Aquí sólo hay unas hoces que levantan cantando el cereal que nos legara. Aquí sólo hay algunas notas de quena, de lira, de guitarra, que lo llaman aún. Él desde su ausencia acude, acude siempre. Porque está vivo. Resplandece detrás de las antiguas piedras peruanas, camina por vías y carreteras, sube por los andamios, continúa su pensamiento. En el juego de la vida y la muerte Mariátegui sacó -no por azar- la cara o cruz de la vida. Otros, vociferantes, inauditos, son vividores, pero no vivientes. Él, de sus propias, dolorosas células construyó tanto que lo que hacemos y haremos tiene en él sus cimientos. Fue un examinador que enseñaba, fue un maestro que metió las manos en la tarea y en el hombre para amalgamarlos y encaminarlos en la historia.

Por eso los poetas elevaron el canto hasta su altura. Hasta su silenciosa presencia, hasta su prestigiosa ausencia, hasta su dimensión creciente.

Yo digo: maestro, hermano, te seguiremos cantando, seguiremos llamándote.

Así no estarán solos nuestros pueblos en su dura ascensión a la libertad y a la dignidad.

Pablo Neruda
Casa “La Chascona”, Santiago de Chile de 1959.

 

Desesperanza y Angustia
Luís Nieto, peruano.

Murió para que tú comprendas
cómo se vive de una vez y para siempre.
Ardió su leño fraternal, clamó su lágrima,
exactamente como para enseñarte
el símbolo que increpa y que levanta,
esa escritura que despierta a los pobres
y les enseña el evangelio que enfurece los puños.

 

Marcha fúnebre en la muerte de un héroe
A tres voces simultáneas.
Ezequiel Martínez Estrada, argentino.

Aun llegará al hermano que trabaja
Desde su noble estrella hasta nosotros baja
A su sepulcro baja

al que piensa y al que ama algo que no
la luz pura de su obra que él meditó y vivió
y a penas si vivió.

podrá perderse nunca; es la ventaja
A todos les llevaba al frente de ventaja;
Cristal; brizna de paja

que tendremos sobre él: lo que nos dio.
como el Elcus debería perderla, y la perdió
que por sí misma ardió.


El alma matinal
Alejandro Romualdo, peruano.

José Carlos Mariátegui: la verdad que enseñaste,
la verdad que nos iguala y nos perfecciona,
ha llegado hasta el fondo de las minas,
como una lámpara maravillosa.

Como una lámpara maravillosa que cumple nuestros deseos,
que enciende la razón, que deslumbra con su poder.


Epitafio para la tumba de Mariátegui
Raúl González Tuñón, argentino.

Pero aunque se desplome toda la niebla encima
o la hayan anegado las  penetrantes lluvias
o la hierba implacable lo invada para siempre,
“hija adoptiva del silencio”,
como la urna melancólica de Keats,
no importará; lo que aquí yace
vecino de la fuente y de la noche
y al secreto sutil de la espadaña,
discurrirá en el ancho territorio del aire
o en el cause vegetal de la corriente oculta:
José Carlos Mariátegui palpita
en todo lo que avanza y permanece.

 

Os invito a pensar en esa muerte
Juan Gonzalo Rose, peruano

En verdad, os digo,
no ha debido morirse José Carlos;
al menos, no tan pronto;
y sin embargo,
habría sido demasiado pronto.


Un hombre a quien la aurora señalaba
José Portogalo, argentino

Ciertamente tu nombre tiene bronce de historia,
tal vez un campanario lo repite en el alba
y lo dispersa el viento confundido en el polen;
nombre de campesino, de alfarero y poesía,
de asamblea o de pájaro-campana.

-¡Loado sea su nombre de lucero del alba!


A José Carlos Mariátegui
Gustavo Valcárcel, peruano

Volverás en el agua que besará el desierto
volverás en el regazo de las comunidades indias
volverás en el petróleo y en el átomo, en el carbón y en el hierro,
en la electricidad popular llena de luces,
en el maíz que fecundan los siglos de las razas enterradas.


Elegía en rojo y negro
Pablo Iturri Jurado, boliviano

José...puedo plasmar, aquí, en esta madera,
tu vida dolorosa y tu rojo dolor,
tu enorme pensamiento índice que señala
otra tierra nueva para los trigales de fuego.


El retorno de José Carlos Mariátegui
Jacobo Hurwitz, peruano

Un día volverás José Carlos Mariátegui
Un día se levantarán las frentes
y más alto que las frentes  
flamearán los puños
y más alto que los puños
en un viento de canciones
tu nombre desplegará sus alas.


Mariátegui
Álvaro Yunque, argentino

Como eras hombre, tu arte fue humanista.
Lo trabajaste a modo de un acero:
tu amor, la llama y tu odio de autopista,
martillo forjador. Fuiste un obrero.


Elegía a José Carlos Mariátegui
Nicanor A. De la Fuente

Tu organismo fustigado por el desamor de las mutilaciones
ignoraba el color de la fatiga
y todos los días
sentíamos tu pulso crepitar firmemente
no obstante que la muerte acechaba
trepada sobre tu pantorrilla única
anhelando la vendimia de tu cerebro y tu corazón.


José Carlos Mariátegui 
César Tiempo, argentino

Dios le negó su gracia. Y con su propia
luz y su heroica fe forjó su mundo.

Junto a su soledad rondaba el vértigo.
Fue un corazón sonoro en el tumulto.


Poema de la vida futura a José Carlos Mariátegui
J. Alberto Cuentas Zabala, peruano

José Carlos, José Carlos: ¿oyes la voz de las usinas?
¿Oyes el afán de los labriegos, el yunque del herrero,
las campanas del trabajador llamando a la faena?
¿Oyes el tronar de los cañones, el vuelo de las metrallas,
y el dolor, clamando a gritos, en el socavón de las trincheras?

Elegía Revolucionaria
Luis F. Vilela, argentino

Enmudece la tormenta. El alud plega sus labios
y en le vórtice de los calendarios
el hiperbólico cóndor de los Andes hace oscilar los astros.

Es Mariátegui el formidable. El apóstol marxista
el exegeta de la revolución.


Mariátegui en la sangre
Rubén Sueldo Guevara, peruano

No podemos olvidarte,
tus palabras se enredan en el acero
que nos nace con la aurora,
tu perfil pone abrigo a nuestras noches
sin lumbre,
sin pan.


José Carlos Mariátegui
Víctor Courier, argentino

Que tu recuerdo sea para tiempos futuros
Acicate de ideas nobles y generosas;
Que los hombres libres de la América nuestra
Se inspiren en los hechos soberbios de tu obra.


Puntas de lanza por la presencia de José Carlos Mariátegui
Aurelio Martínez, peruano

Las claras ráfagas de tus palabras
con que cañoneaste
junto con las que el tiempo dispara y parapeta
están destruyendo tanta
finchada fortaleza de barrigas....


Poema en cinco gritos a José Carlos Mariátegui
Pedro del Pino Fajardo, peruano

Fue tu vida una mesa redonda
donde bailaron los rectángulos.
Y fue en tus pupilas el dibujo
del triángulo musical del mundo.


Una canción sencilla para José Carlos
Ángel Abendaño Farfán, peruano

Comprenda, José Carlos, que el Perú está
en el abismo de tu sangre derramada;
y los ríos no corren, les falta tu mirada,
y los vientos no vuelan les falta tu presencia.


Mensaje del alba al inmortal José Carlos Mariátegui
Víctor Ladera Prieto, peruano

Por eso, inmortal camarada,
juro en nombre de la vida del hombre
teñir el viento con rosas de tu costado
hasta encontrar grito a grito
la forma verdadera de tu verbo.


Canción obrera a José Carlos Mariátegui
Víctor Mazzi, peruano

Mañana, cuando nuestro hijo trabaje,
hasta erguir al dios de sus músculos,
cante con su violento
y logre su causa exacta
desatando el haz rojo
de su histórico destino
comprenderá por qué decimos:
¡loor a José Carlos Mariátegui!


A tus palabras José Carlos
Raúl Medina N. de la Torre

Han calzado tus palabras
José Carlos:
la curvatura olímpica de Ónix,
y estás en el horario sideral
de todos los tiempos.
Camarada enorme,
guía de justicia.
Camarada universal.


José Carlos Mariátegui 
Gerardo Berríos, peruano

José Carlos Mariátegui
sobre los ecos de este nombre
corre veloz la esperanza 
de los oprimidos del salario,
vive con alientos combativos
dentro de ellos,
y el resto hará la historia.


Pluma Y Pincel
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Comentarios  

 
0 #4 28-05-2013 16:23
q lindas poemas
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+4 #3 17-05-2011 21:15
Bueno ste bien chida la pagina , pero quisiera q los poemas sean mas largos pa poderlos recitar bueno suerte
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+1 #2 30-08-2010 23:17
no se save nada carajo eso escriven
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+4 #1 18-04-2010 19:05
excelente, les felicito desde México DF por poner a disposición de la gente estos textos casi desaparecidos, al menos, para quienes no somos investigadors.
Salud y fraternidad.
Rosario G.
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