You are here: Home Destacados El poeta antes de Nueva York. García Lorca hace 80 años.

PlumayPincel

Portal Cultural

El poeta antes de Nueva York. García Lorca hace 80 años.

E-mail Imprimir PDF
Usar puntuación: / 4
MaloBueno 

Federico García Lorca, en 1930, se encontraba en Nueva York trabajando en los poemas que luego reuniría bajo el título "Poeta en Nueva York", obra que significó una reorientación de la poesía contemporánea y que junto a poemarios como "Residencia en la Tierra" de Neruda, "Trilce" de Vallejo o "Cancionaero y Romancero de Ausencias" de Hernández, constituyó un momento que el idioma castellano quizás no ha vuelto a alcanzar hasta nuestros días. Ritmos pesados, enumeraciones sin temor al exceso, brusca musicalidad, imágenes barroquistas, recorren las páginas del poemario que dista de la búsqueda del equilibrio y lo diáfano. ¿Por qué el poeta de lo grácil se decidió a explorar esos terrenos agrestes y áfonos de su intuición?  

“y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.”
Oda a Walt Whitman


1929 es un año de quiebres para García Lorca. Hasta su partida a Nueva York, en junio, los meses han transcurrido signados por la ruptura con Emilio Aladrén, su hasta entonces pareja, y el alejamiento de Salvador Dalí que lo ha abandonado por Buñuel, con quien se ha radicado en París. Aunque la publicación del “Romancero Gitano”, en julio del año anterior, le significó un gran éxito en reconocimientos y celebridad, el poeta ha debido admitir estas deslealtades, que él entiende como traiciones. Aladrén lo ha dejado, enamorado de quien será luego su esposa, la inglesa Elizabeth Arden. El estreno de “El perro andaluz”, en junio de este año, marcará el fin de la amistad con Dalí. A ello se suma la actitud de su amigo José Bergamín, siguiendo la hipótesis de Ian Gibson: “tampoco le levantaría el ánimo una alusión altamente despectiva al ‘Romancero Gitano’, y por extensión a sí mismo como persona, contenida en un ensayo de José Bergamín sobre Alberti dado a conocer en La Gaceta Literaria el 15 de marzo de 1929 ” (Vida, Pasión y Muerte de Federico García Lorca, Plaza & Janés, Barcelona, 1998, pp.279) De acuerdo a ese texto, Alberti representa la Andalucía occidental, pulcra y universal, distante del gitanismo y de lo morisco. “¿Y el innominado Lorca?-acota el biógrafo- Cualquier lector atento habría captado el mensaje: un andaluz localista.” (ob.cit., pp. íd.)

Caracol era el nombre de la compañía que a principios de febrero estrena la obra “Amor del don Perlimpín con Belisa en su jardín” en los mismos días en que se había decretado duelo nacional por la muerte de la madre de Alfonso XIII, la reina María Cristina. El acto provocó la prohibición de la obra, a la cual el poeta hubo de introducirle ciertos cambios en sujeción a la censura. “El incidente sirvió para intensificar la repugnancia que sentía Lorca por el régimen de Primo de Rivera. –afirma el biógrafo del poeta- Unos meses más tarde, él y otros veinticuatro jóvenes firmarían un documento algo ingenuo para expresar su insatisfacción con la situación política imperante”. (Vida..., pp.279) Según el investigador, ese documento, que se conoce como “Carta abierta”, manifiesta “hasta qué punto estaban desengañados los intelectuales españoles, sino asqueados, con Primo de Rivera”. (pp. íd.)

En esta atmósfera se inscribe una experiencia en la semana santa de este año. Se trata de la participación del poeta en la procesión de la Virgen de las Angustias, patrona de la ciudad de Granada, donde viajó desde Madrid con este propósito. El acto religioso, cuya primera versión fue en 1929, y también conocido como procesión de Santa María de la Alhambra, consistía –aún se realiza- en un desfile de fieles encapuchados y vestidos con hábitos, organizado por una cofradía a la cual Federico pidió su ingreso, condición exigida para participar en la procesión. “La petición planteaba problemas, dadas las estrictas normas de la cofradía –afirma Gibson- El poeta se mostró profundamente agradecido y, ya ataviado con el hábito que encubría su identidad, se arrodilló ante la imagen de la virgen, en actitud de orar. Luego se situó al frente de la procesión, descalzo, llevando una de las tres pesadas cruces de la cofradía (...)” (op.cit., pp.282)

El ánimo de García Lorca nada contra la corriente de su éxito en estos meses. Pese a que aún depende económicamente de su padre –quien costeará el viaje a Nueva York-, goza de un prestigio indiscutido entre la intelectualidad madrileña y granadina, su obra dista de la marginalidad o la desatención; al revés, en estos años el poeta es lo más cercano a un intelectual “establishment” que disfruta de la simpatía de la prensa y de  amistades influyentes. Su carrera literaria se ha consolidado, omitiendo los mélanges “Impresiones y paisajes”, su primera publicación de 1918, sus poemarios han cosechado aplausos de la crítica periodística y académica: “Libro de poemas” (1921) y “Poema del cante jondo” (1921) le han granjeado unánimes elogios; su “Oda a Salvador Dalí”, de 1926, ha sido editado por la Revista Occidente, la más conspicua revista española, cuyo director es José Ortega y Gasset; bajo el sello de esta casa editorial apareció “Romancero gitano” y ya está en proyecto su segunda edición. El éxito de los montajes de sus primeras obras dramáticas fue un poco más escueto, pero  “Mariana Pineda”, en 1927, lo ha situado como uno de los renovadores centrales de la dramaturgia española, por cuyo estreno en  Madrid se efectuó una celebración con la asistencia de autoridades de la España culta, como Ernesto Jiménez Caballero, director de la “Gaceta Literaria”, la más importante publicación de letras de ese entonces, Ramón Gómez de la Serna, Américo Castro y Dámaso Alonso. (ob.cit., pp. 237)

El 29 de abril del 29 se estrena en Granada “Mariana Pineda” y es ovacionado por la comunidad que ve en él un hijo enorgullecedor. Pero los reconocimientos no persuaden la tristeza del poeta quien ya ha decidido emigrar a Nueva York. El 19 de mayo se le organiza un homenaje de despedida en Fuente Vaqueros, el 7 de junio uno en Granada y el 9 de ese mes otro en Madrid. Con ocasión del estreno granadino de “Mariana Pineda”, Federico dice en sus palabras de agradecimiento: “necesito del silencio y la densidad espiritual del aire granadino para sostener el duelo a muerte que sostengo con mi corazón y con la poesía.”, en alusión a su congoja y a los rumbos que ha emprendido su trabajo poético. “Con mi corazón, para librarle de la pasión imposible que destruye y de la sombra falaz del mundo que lo siembra de sol (o “sal”, según posible errata) estéril; con la poesía, para construir, pese a ella que se defiende como una virgen, el poema despierto y verdadero donde la belleza y el horror y lo inefable y lo repugnante vivan y se entrechoquen en medio de la más candente alegría.”(ob.cit., pp. 285) 
     
Luego de detenerse brevemente en París y Londres, parte el 19 de junio desde Southampton hacia Nueva York. Escribe a su amigo chileno Carlos Morla Lynch, a quien dedicará en 1930 “Poeta en Nueva York”: “un amor irrefrenable por la poesía, por el verso puro que llena mi alma todavía estremecida como un pequeño antílope por las últimas flechas (...) Por muy humilde que yo sea, creo que merezco ser amado”(pp. 287)

Alrededor de 1925 el poeta había conocido a Emilio Aladrén, ocho años menor que él, estudiante de Escuela de Bellas Artes, dedicado a la escultura, su personalidad muestra rasgos similares a Dalí, como la propensión a escandalizar y presentarse como un demente, salvo por su tendencia al alcohol y a las mujeres, ajena al pintor. Afirma Gibson que la pintora Maruja Mallo fue novia de Aladrén, a quien ella recordaba como un “efebo griego” y según la cual “vino el momento en que Federico se lo ‘robó’ a ella sin más miramientos”(pp. 254). Como artista no gozaba de gran respeto por parte de los amigos de García Lorca, pero éste se esforzaba en insertarlo en los círculos artísticos e intelectuales de Madrid y promocionarlo como una joven promesa del arte español. Emilio había realizado una escultura de la cabeza de Federico, de la cual se conserva una fotografía, si bien la pieza se perdió. Halagado por la escultura, el poeta intentó que la fotografía fuese publicada por el diario ABC, escribiendo a un amigo que trabajaba en el periódico, pero éste se rehusó.  Rafael Martínez Nadal cuenta que en el verano de 1928, caminaban por Madrid de madrugada Ignacio Sánchez Mejías, su mujer y él,  encontrándose con García Lorca que viene junto a Emilio. “¿Habéis visto el nuevo circo?...Emilio –gritó Federico-, quítate el impermeable y rueda por el suelo (...) Emilio dio la gabardina a Lorca. Vestía un buen traje gris perla. Sin vacilar, se arrojó a la calzada y fingiendo rugidos de león rodaba por el suelo. A las tres o cuatro volteretas irrumpió Federico: ¡Emilio, en pie! Le ayudó a ponerse la gabardina y haciendo los dos un cómico saludo de circo, se fueron abrazados, alegres, muertos de la risa, la botella de ginebra asomando por el bolsillo de la gabardina de Emilio.”(pp. 255)

Pero ya en julio del 28 develan las cartas del poeta el sufrimiento que le está significando la relación, así por ejemplo, en una misiva a José Antonio Rubio Sacristán, le confiesa: “Ahora me doy cuenta qué es eso del fuego del amor de que hablan los poetas eróticos y me doy cuenta, cuando tengo que necesariamente cortarlo de mi vida para no sucumbir. Es más fuerte de lo que yo sospechaba. Si  hubiera seguido alentándolo, habría acabado con mi corazón.”(pp. 256). Por los mismos días le escribe a Rafael Martínez Nadal: “Estoy convalesciente de una gran batalla (...) No puedo escribir más que poesía. Y poesía lírica. Digo más bien...elegíaca, pero intensa. Es triste que los golpes que el poeta recibe sean su semilla y su escala de luz.” (pp. 257)

En agosto, en una carta a Jorge Zalamea, transcribe algunas líneas que Dalí le ha enviado, según las cuales el alejamiento del pintor y su alianza con Buñuel aparecen como un castigo al poeta: “La última temporada en Madrid te entregaste –le imputa el pintor- a lo que no debiste entregarte nunca. Yo iré a buscarte para hacerte cura de mar. Será invierno y encenderemos lumbre. Las pobres bestias estarán ateridas.” (pp. 259) En esta misma carta copia algunas estrofas de “Oda al Santísimo Sacramento” y menciona que “abro mi alma ante el símbolo del Sacramento, y mi erotismo en la ‘Oda a Sesostris’, que llevo mediada.”(pp. 260)

En ambos textos se halla el germen de la reorientación que acusa el paso desde el “Romancero Gitano” a “Poeta en Nueva York”. En la primera obra un joven brillante despliega su talento, en la segunda, un hombre abandonado muerde sus dolores. La fisura entre ambos nace en “Oda al Santísimo Sacramento” y en “Oda a Sesostris”, o también titulada “Oda y burla de Sesostris y Sardanápalo”, según se atienda a los dos manuscritos que existen del poema. No hay amabilidad en las odas, en particular, en la de Sesostris y Sardanápalo, la construcción lejos de encriptar en la mitología el amor  entre el rey egipcio y el rey asirio, desnuda la protesta del poeta ante ese amor, o más precisamente, al significado de ese amor que se resuelve en el yacer orgiástico, pero no en la ternura. El verso pareciera obedecer al dictado del mismo despotismo faraónico, expresado en Sesostris, que obliga al ascenso a las pirámides, y a la monumentalidad exótica, pero desértica, del asirio Sardanápalo. No obstante se manifiesta una diferencia que será fundamental para los futuros poemas:


 
“Sardanápalo frío, yerto, helado
como las panzas de los cocodrilos.”

“Chulo Sesostris, bello, gran machoso,
maestro en escupir y cortar brazos.
“Ojos de triste vendedor de pieles,
y cintura de arena sin sosiego”

 

Esta distinción sólo se esboza en la oda, ambos son amantes eufóricos,  pero ya indica, por una parte, al amante “frío” y al amante “machoso”, lo cual se desarrollará en “Poeta en Nueva York” a través de la identidad entre amor y ternura, y su oposición a la euforia sexual: la lujuria es la negación de la ternura. Esta forma de concebir al amor está en el origen de la nueva poesía lorquiana.  Así como “Poeta en Nueva York”, las odas discuten la ubicación –o confinación- de Federico como un poeta perteneciente a la Generación del 27. Si consideramos el carácter del verso, la exigencia personal al que responde, el “Romancero Gitano” es una obra que se inscribe en el ámbito de la pulcritud, como refería Bergamín, al que pertenecen, por ejemplo, Alberti, Guillén o Salinas. Desde esta perspectiva, ellos nunca dejaron de ser poetas del 27, pero dicho carácter se limita, en el caso de García Lorca, sólo a evidenciar la procedencia de una nueva concepción donde el oficio se encausará por las sendas de un pathos que sólo a costa suya se es, que sólo siendo se verbaliza, y únicamente así se funda como poema.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Administrator
About the author:

 

Comentarios  

 
0 #1 rodrigo 26-02-2010 02:36
Me podrían indicar en qué libro de Federico García Lorca se encuentra el poema citado. He consultado los que conocía y no lo encuentro.
Citar
 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Foro Constitución y Bicentenario

Es significativo el cambio de perspectiva que el autor realiza ante la influencia en el Estado  de las ciencias y la racionalización capitalista, mientras Chile era Chile la conflictividad era una problema de gobernabilidad, pero en tanto Chile es inficionado por la cultura de masas y el Racionalismo la conflictividad es una crisis del Estado y del alma nacional, pudiéndose concluir que para este hispanismo cuando el Estado chileno comenzó a planificar, o racionalizar, el Estado comenzó a “des-chilenizarse”.

Leer más...
 

“La Constitución Política de 1980 impone una nueva concepción de sociedad, donde el individuo es, a la vez, una existencia de sustancia iusnaturalista y un homo oeconomicus neoliberal, y donde la comunidad se somete, a la par, a las leyes sobrehumanas del derecho natural y a las leyes objetivas del mercado. Esa conceptualidad expresa y determina la evolución del capitalismo chileno desde las formas que le caracterizaron en el siglo XX hasta la forma neoliberal que impera hoy en día.”

Leer más...
 

Autonomía de los grupos intermedios, una expresión de la relación capital-trabajo. Rafael Ferré.

Constitución Política del 80"El texto original de la Constitución Política de 1980 expresa:

“El Estado está al servicio de la persona humana y su finalidad es promover el bien común, para lo cual debe contribuir a crear las condiciones sociales que permitan a todos y a cada uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización espiritual y material posible, con pleno respeto a los derechos y garantías que esta Constitución establece.”

El texto constitucional no puede ser más palmario y rotundo, toda vez que endosa la libertad e igualdad en dignidad y derechos al reconocimiento y amparo de los grupos intermedios y sus fines. Entendidos como aquellas formaciones sociales ubicadas entre el individuo y el Estado, los grupos intermedios sólo pueden perseguir fines particulares que el Estado reconoce, otorgándole legalidad. Entre esos grupos figuran las juntas de vecinos, los clubes deportivos o de cualquier índole, los colegios profesionales, los centros juveniles, pero también las empresas, los partidos políticos y los gremios."


La razón y la fuerza de Jaime Guzmán. El concepto de democracia. Antonio A. Lillo

Jaime Guzmán“¿Qué ocurre si por sufragio universal libre, secreto e informado, dentro de un Estado de Derecho y con amplio pluralismo político, la mayoría se inclina por una autoridad o norma que contraviene derechos humanos o naturales básicos? ¿Debe un demócrata acatar por sobre todo la mayoría o debe defender con primacía la dignidad del hombre?” (1) Este planteamiento de Jaime Guzmán, escrito alrededor de 1985, compendia el sustrato cardinal de su noción de democracia."

 


El neotomismo como filosofía de Estado. Presentación del problema. Sergio Azúa.

Jaime Eyzaguirre"Antecedentes históricos del neotomismo en Chile

Considerar brevemente el alcance de esta visión demanda recordar el desarrollo en el siglo XX de la clase latifundista chilena, representada por el Partido Conservador e identificada con el hispanismo y otras corrientes integristas que igualmente se opusieron a la lectura demo-liberal de la doctrina social católica y a las reformas de la Iglesia en la segunda mitad del siglo XX, particularmente, al Concilio Vaticano II. Desde el punto de vista económico conviene tener presente la contracción con el pensamiento económico burgués del siglo XX por parte de esa clase latifundista que la situó en oposición al desarrollo de la clase capitalista que no padecía de mayores melindres morales para abrazar al estado desarrollista y converger en ciertos puntos con la clase obrera y los sectores medios."