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Juan Bosch, un ser para la libertad. Alfredo Matus Olivier.

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"Nada menos que todo un hombre. Hombre cabal, hombre de pro. Vivió por la libertad; vivió para la libertad. Libertad y finalidad, esos bienes radicalmente humanos, que nos constituyen como personas. Señor de la dignidad, Juan Bosch dedicó su existencia a la defensa sin descanso de esos valores “intransables” de lo más verdadero, lo más puro, lo más limpio de lo humano". De este modo Alfredo Matus Olivier en la Inauguración de la Conmemoración de los 100 años del Natalicio de Juan Bosch celebrada en la Sala América de la Biblioteca Nacional el 9 de junio de 2009, comenzó su discurso de homenaje al escritor y político dominicano. Conmemoraciones en la que participaron junto a la Academia Chilena de la Lengua, la Universidad de Chile, la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad Austral de Chile, la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, la Fundación Salvador Allende, la Sociedad de Escritores, el periodista Manuel Cavieses,  director de Punto Final, e intelectuales como Juan Pablo Cárdenas, Premio Nacional de Periodismo, Humberto Giannini, Premio Nacional de Humanidades y Marino Pizarro, Premio Nacional de Educación.
 

 
 Nada menos que todo un hombre. Hombre cabal, hombre de pro. Vivió por la libertad; vivió para la libertad. Libertad y finalidad, esos bienes radicalmente humanos, que nos constituyen como personas. Señor de la dignidad, Juan Bosch dedicó su existencia a la defensa sin descanso de esos valores “intransables” de lo más verdadero, lo más puro, lo más limpio de lo humano.

Hidalguía de espíritu y corazón. Mucho de Quijote y mucho de Rodrigo Díaz de Vivar tenía este hidalgo dominicano. Mucho de don Quijote cuando,  en el capítulo LVII de la Segunda Parte, enseñaba a Sancho: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.

Por la libertad y por la honra, Juan Bosch aventuró la vida y por ellas vivió  el rigoroso cautiverio del exilio, de 24 años la primera vez que sale de su tierra. Uno de los grandes exiliados de la historia latinoamericana. Testimonio ético de primera magnitud. No puede haber modelo más oportuno en estas vigilias del Bicentenario. Ejemplo para los jóvenes en estas celebraciones, que ya se nos vienen encima, de nuestro Bicentenario, en ese proceso que se inicia en 1810 y que culmina con el Acta de Independencia de Chile, firmada por el Director Supremo, en el Cuartel Directorial de Talca, a 2 de febrero de 1818:

“…hemos tenido a bien, en ejercicio del poder extraordinario con que para este caso particular nos han autorizado los pueblos, declarar solemnemente, a nombre de ellos, en presencia del Altísimo, y hacer saber a la gran confederación del género humano, que el territorio continental de Chile y sus islas adyacentes, forman de hecho y por derecho, un Estado libre, independiente y soberano…”

Por eso estamos aquí. Por eso se constituyó un Comité Chileno para la celebración del Centenario de Juan Bosch, nacido en La Vega, el 30 de junio de 1909, uno de los intelectuales, uno de los políticos, uno de los humanistas más significativos de República Dominicana y de América Latina. Por eso se involucraron, en esta justo homenaje, y con auténtico entusiasmo, la Academia Chilena de la Lengua, la Universidad de Chile, la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad Austral de Chile, la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, la Fundación Salvador Allende, la Sociedad de Escritores, el periodista Manuel Cavieses,  director de Punto Final, e intelectuales como Juan Pablo Cárdenas, Premio Nacional de Periodismo, Humberto Giannini, Premio Nacional de Humanidades y Marino Pizarro, Premio Nacional de Educación.

Por eso estamos aquí. Por eso hoy inauguramos este ciclo de conmemoraciones a una de las figuras más sobresalientes de Latinoamérica. Figura testimonial, trayectoria brillante de entrega a las causas más nobles de nuestros pueblos: testigo de la libertad en uno de los contextos más duros de las dictaduras latinoamericanas: la de Rafael Leonidas Trujillo, en República Dominicana; la de Fulgencio Batista, en Cuba; la de Anastasio Somoza, en Nicaragua; y la de Marcos Pérez Jiménez, en Venezuela, precursoras de otras tiranías de las zonas australes de nuestro continente. Sobre ellas escribirá con agudeza crítica “Póker de espanto en el Caribe”. Autodidacta de inteligencia superior, que llegó a la Primera Magistratura de la República Dominicana, con apoyo popular masivo, había realizado una notable carrera literaria, distinguiéndose como poderoso narrador de cuentos, de prosa sencilla, idioma vigoroso y directo, enraizado en la realidad social dominicana. Había desarrollado el ensayo y el periodismo, politólogo en el compromiso activo, en la observación y el análisis de las circunstancias concretas de nuestros pueblos, comprometido con la vida inmediata de la gente y los procesos sociales y políticos que las envuelven. No solo teoría y observación de los fenómenos, sino acción y militancia, había creado el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), de radical antitrujillismo y, más tarde, el Partido de Liberación Dominicana. Y había publicado ese clásico del ensayo sociopolítico “El pentagonismo, sustituto del imperialismo”. Según Armando Hart Dávalos, este texto es profético, y “una pieza maestra de esas que hacen o deben hacer historia”. Había escrito sobre el gran educador puertorriqueño Eugenio María de Hostos, otro exiliado ilustre, en cuyas ideas pedagógicas se había imbuido Había actuado en las tablas y ejercido el periodismo radial de contenido educativo. Y, todo hay que decirlo, había sido eximio bailador antillano de danzón.

Juan Bosch  llega a Chile en 1954 y se queda en el país hasta fines de 1955. Después de permanecer en Santiago, vendedor de baterías en la calle Arturo Prat, se radica un tiempo en Molinos de Niebla. En Santiago participa en la vida teatral en auge, en las faenas culturales en boga y en una de las más famosas tertulias literarias de la época, la de la vieja librería Nascimento. Todavía nos emociona abrir esa  modesta primera edición de su libro de cuentos “La muchacha de la Guaira”, editada por Nascimento, de gruesas páginas amarillentas y portada de características líneas verdes, cuya reedición hoy presentamos. Aquí en Chile publica, además, “Cuba, la isla fascinante”, “Judas Iscariote, el calumniado”, “El indio Manuel Sicuri” y “Cuento de Navidad” e inicia la escritura de “David, la biografía de un rey”, obras escritas,  terminadas o iniciadas en Santiago y Niebla. Obras publicadas en las prestigiosas editoriales Nascimento, Universitaria, Prensa Latinoamericana, Ercilla. No es raro, pues, que en este Comité del Centenario participen con tanto convencimiento y compromiso, dos las principales universidades de Santiago y una de las del sur, la de Valdivia y su Niebla colindante. En Santiago conoce y hace amistad  con intelectuales de la talla de Manuel Rojas, José Santos González Vera, Volodia Teitelboin, Mariano Latorre, Luis Durán, Joaquín Gutiérrez y del crítico Alone. Este severo crítico literario de El Mercurio había escrito: “Este sí que es un cuentista hecho y derecho, antiguo y moderno, de tomo y lomo, cuentista por los cuatro costados, que no necesita definiciones ni defensas, un verdadero narrador…” Asimismo entabla fructíferos lazos con figuras políticas de la estatura de Salvador Allende y Clodomiro Almeyda. Más tarde, a través del periódico Vanguardia, denunció los abusos de la dictadura de Pinochet y alentó las luchas por la libertad. No puede estar más ligado a Chile, este latinoamericanista ilustre comprometido con nosotros, nuestra historia, nuestra cultura y nuestro ser social.

Juan Bosch nos conecta con República Dominicana y con el Caribe. Y, a través de ellos, con toda Hispanoamérica.  Juan Bosch nos comunica con un momento significativo de nuestra historia y cultura nacionales, el de la década de los cincuenta. Pero, como ha dicho Rosario Carcuro, de la familia chilena de Bosch, hace pocos días, en los inicios de estos homenajes, realizado en la Universidad Austral: “No es por un mecanismo puramente nostálgico, casi decadente, este meterse a desentrañar figuras del pasado”. En dicha ocasión, se preguntaba esta distinguida profesora: ”…¿a qué obedece este acto que recuerda y conmemora a Juan Bosch y que estamos realizando aquí, en la Universidad Austral de Chile, y otros que se realizarán durante todo el año en curso? …De lo que se trata, simplemente, es de hacer un gesto de amarrar la historia con la historia. Para no perder ni una hilacha, ni una hebra del gran tapiz de la memoria. Juan Bosch es un gran escritor del Caribe.  Un narrador fascinante que cruza a zancadas los grandes territorios de la sequía, la desesperanza y el hambre. También es un político, un organizador, un luchador por la democracia…”

Amarrar la historia con la historia, en eso andamos. Juan Bosch, este antillano por antonomasia, de nación y vocación, es un hombre total, sin mutilaciones ni parcialidades, sin componendas ni medias tintas. No se quedó con la última palabra. Como ha escrito Humberto Giannini: “la incomunicación, la intolerancia y la injusticia social tienen que ver con el intento de quedarse con la última palabra’”. Una lengua con manos, que diría el juglar de Medinaceli. Coherencia total de palabra (lengua) y acción (mano). Ejemplo para la juventud´, en el sentido primigenio de la palabra ejemplo, del eximere latino “sacar”, “extraer”, “exprimir”; es mucho lo que la juventud puede sacar y extraer de esta existencia sin opacidades, de esta reserva espiritual para las nuevas épocas que todos anhelamos. Pensamiento, palabra y vida consecuentes. Por eso es que la Academia Chilena se ha sumado, con ahínco, a este homenaje, no para la nostalgia sino para las premoniciones de la esperanza. Porque la Academia está allí donde hay algún soplo de espíritu que vivifique la palabra verdadera. La palabra verdadera de Bosch es la palabra neta, la palabra que late, la voz de la lealtad, de la fidelidad y la nobleza, lengua con manos, la del caballero de fiar. Su prosa exhibe un castellano de lealtades, de compromisos con el hombre primero. Prosa robusta, natural, sin adiposidades. Escribió mucho y lo hizo bien, porque, como dice bellamente Giannini: “La escritura, en su recogimiento original, es un tiempo para el otro, en la asunción completa de su ausencia”. La de Juan Bosch es prosa rotunda empapada en la vida nueva, la que se proyecta en el futuro solidario de los pueblos, el de la libertad y la dignidad.
Alfredo Matus Olivier
 
           Academia Chilena de la Lengua

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